A comienzos de siglo, a Ford le sobrevino la nostalgia de los viejos éxitos en las carreras de los 60 y presentó tres conceptos de superdeportivos basados en el Ford GT40, el Shelby Cobra y el Shelby Daytona. Solo uno de ellos vio la luz, en el Ford GT de 2005. Los otros no tuvieron tanta suerte y estuvieron a punto de desaparecer por completo y acabar en el olvido.

El mundo del motor no es siempre benévolo con los aficionados, pues no son pocas las veces que las marcas dejan con la miel en los labios a los fanáticos con increíbles concept cars y promesas incumplidas que obedecen los designios de los estudios de mercado y del dinero en general. 

Ford, una de las empresas más exitosas y con más solera de la historia de la automoción tampoco es ajena a ello. Corría el año 2002 cuando iluminó la cara de los aficionados con el Ford GT40 Concept en el Salón de Detroit. Se trataba de una reimaginación contemporánea del legendario »mata Ferraris» de Le Mans, con un sugestivo motor V8 de 500 caballos y que esta vez prometía venderse al público en general. 

La cosa no acabó ahí, pues en 2004, la marca del óvalo presentaba el sucesor espiritual del no menos mítico Shelby Cobra y al que un año después se le uniría el Shelby GR–1 como reinterpretación del Daytona, ambos en formato de concept cars. Sin embargo, ninguno de estos últimos consiguió alcanzar la producción, ni siquiera en pequeñas series. Únicamente el Ford GT lograría esa meta, lo que dejaba a estos dos modelos restantes en un sueño húmedo y un doloroso »qué habría sido» en la mente de los más avezados ‘petrolhead’. 

Chris Theodore era un ingeniero mecánico que se había labrado un nombre junto a Dodge en el desarrollo del Viper. Posteriormente, firmó con Ford como Vicepresidente de Desarrollo de Producto y fue un pilar fundamental en la etapa anteriormente mencionada, pues participó en la concepción de los tres modelos. No obstante, la obra de la que más orgullo siente es el Shelby Cobra Concept. 

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Con él, Theodore consiguió convencer al propio Carroll Shelby de que tomase parte en el proyecto. Junto a su equipo de ingenieros y al de diseñadores, lograron desarrollar y construir un prototipo completamente funcional en un período de tan solo cinco meses, para tenerlo listo de cara al Salón de Detroit de 2004. 

Su concepción original era la de acompañar en la gama de superdeportivos al GT, pero un peldaño por debajo para competir con los Corvette y los Viper contemporáneos. Su chasis de aluminio extruido se basaba en el del GT, pero estaba modificado para acomodar el motor en posición delantera. Compartía además la suspensión y la configuración transaxle de la transmisión, pero sus medidas eran algo más contenidas, con 180 milímetros menos de batalla. 

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No obstante, su elemento más diferenciador era el motor. Y es que, ya a la hora de desarrollar el GT, Theodore abogaba por ir un paso más allá y equiparlo con un V10, algo a lo que la directiva no se opuso, por lo que su equipo comenzó a trabajar en ello a partir del V8 de 4.6 litros que se ofrecía en modelos como el Crown Victoria, los pick-up F–Series o Mustang GT de entonces, capaces de erogar una potencia entre los 190 y los 250 caballos. Sin embargo, cuando se acercó el momento decisivo en la concepción del GT, el motor todavía no estaba listo y la firma tenía una mecánica muy jugosa de 5.4 litros que solo había utilizado en las variantes más potentes del F–Series y los enormes Expedition, por lo que finalmente fue ésta la elegida para motorizar al GT. 

Pero la investigación de cara al V10 no se detuvo y cuando llegó la hora de dar vida al Shelby Cobra Concept, el motor ya estaba listo. En total se fabricaron cuatro unidades de esta mecánica: una se colocó en un Ford Mustang de cuarta generación como mula de pruebas, otra se destinó al Ford 427 Concept de 2003 y las dos restantes fueron a parar a los vanos del Shelby GR–1 y del Cobra Concept que hoy nos ocupa. 

Cubicaba 6.4 litros y en total era capaz de entregar 615 caballos y 685 Newton metro y en su caso ofrecía una máxima teórica de 420 kilómetros/hora gracias a unas relaciones de cambio bastante largas. Y no eran únicamente cifras, porque el coche era plenamente funcional en todos los aspectos, pues incluso Carroll Shelby se dio el lujo de hacer unos cuantos trompos a las puertas del circuito de Irwindale, donde se realizó su construcción. El interior era igualmente extremo, pues prescindía de aire acondicionado o equipo de sonido. 

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Pero las autoridades de la marca, aconsejadas por sus abogados, eran bastante desconfiadas con el proyecto y no solo limitaron el vehículo a 160 kilómetros/hora sino que desaconsejaron su producción. El coche incluso presenta una placa en su chasis donde se estipula la prohibición de su conducción. Por ello, tras los paseos pertinentes por los distintos salones, el Cobra Concept quedó como una pieza de museo. 

Hasta finales de 2017, cuando la marca del óvalo decide sacarlo a subasta para recaudar fondos. Es entonces cuando Theodore ve su oportunidad y se hace con él por el módico precio de 830.000 euros, aunque se lleva una desagradable sorpresa. Ya sabemos el celo con el que las marcas guardan sus prototipos y Ford, para asegurarse de que el modelo no fuera conducible tras su paso por los salones, decidió soldar las juntas del eje de transmisión y lijar las cabezas de los pernos que sujetaban la plancha que daba acceso a dicho eje. 

Incluso se había barajado la idea de rellenar los cilindros de cemento, pero por suerte desecharon llegar tan lejos, algo que habría matado por completo este proyecto. Por suerte, todo ello no fueron más que inconvenientes menores para uno de los ingenieros tras su desarrollo y después de un cambio de aceite y embrague, el coche volvió a estar listo para rodar. 

En algunas entrevistas posteriores a su adquisición, el propietario ha asegurado que entre sus planes no está solo el de acudir a concursos de elegancia y exhibiciones, sino conducirlo también por las calles. En otro orden de cosas, su hermano, el GR–1, no llegó a producción, pero a comienzos del año pasado, la empresa Superformance anunció que crearía una tirada muy limitada del modelo homologada para la calle. 

Fuente: Soy Motor